NO LLORES

•

MEMORIZA: Has cambiado mi lamento en baile; me has quitado el cilicio y me has ceñido de alegría; – Salmo 30:11

LECTURA: Lucas 7:11-16

11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.

12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.

13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.

15 Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y se lo dio a su madre.

16 Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.

LA BIBLIA EN UN AÑO: Nahúm 1-3

MENSAJE

Hace algún tiempo, mientras oraba durante un programa, Dios me dijo: «Abre los ojos». Estuve a punto de decir: «Señor, pero estoy orando»; sin embargo, obedecí. Al abrir los ojos, vi a una mujer en la congregación con el rostro bañado en lágrimas, llorando mientras oraba. Entonces Dios dijo: «Ve y dile: «No llores»». Me dirigí hacia la congregación, me acerqué a ella y le di un toque suave mientras decía: «Dios dijo: «No llores»». Sus ojos se iluminaron y regresé al altar para continuar orando. Un año después, esa misma mujer estaba ante mí, junto con otras personas que querían que orara por ellas.

Cuando llegó su turno para que orara por ella, la saludé y le pregunté: «Hermana, ¿en qué puedo ayudarle?». Ella abrió la boca y solo pudo balbucear: «Jesús». Le pregunté por segunda vez cómo podía ayudarla, y ella solo volvió a decir: «Jesús». Se lo pregunté por tercera vez y respondió lo mismo. Empecé a impacientarme porque había otras personas en la fila. Finalmente, se recompuso y me dijo que ella era la mujer a quien Dios me había enviado el año anterior para decirle que no llorara. Luego me contó que aquel día lloraba porque llevaba más de diez años casada sin tener hijos, y los familiares de su esposo lo presionaban para que la abandonara si no daba a luz pronto.

Mientras compartía su historia, comprendí de inmediato por qué le había costado hablar al principio: sostenía a un bebé en la mano derecha y a otro en la izquierda. Dios transformó su situación, aparentemente sin esperanza, en un motivo de regocijo. Oro para que Dios transforme cualquier situación aparentemente desesperada que pueda existir en tu vida y llene tu boca de risa, en el nombre de Jesús.

Si has entregado tu vida al Señor Jesucristo, mi Padre te dice hoy: «No llores», tal como Jesús le dijo a la viuda de Naín en la lectura bíblica de hoy. Cada vez que Jesús dice «No llores», es porque quiere realizar un milagro. No importa cuánto tiempo hayas estado llorando, ha llegado tu tiempo de regocijo. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría (Salmo 30:5). Decreto que tus días de regocijo han llegado, en el nombre de Jesús.

PUNTO DE ORACIÓN: Padre, gracias por poner fin a mi llanto y por llevarme a mis días de regocijo.

COMPARTE EL DEVOCIONAL
Comparte el Devocional de los Cielos Abiertos, en tus redes sociales. Al hacerlo, que el Cielo honre todas tus peticiones, incluidas las que aún están pendientes, con respuestas divinas desde lo alto, en el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Amén