MEMORIZA: « Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento» ECLESIASTÉS 12:1
LEE: MARCOS 11:12 – 20
Maldición de la higuera estéril
12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. 13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. 14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
Purificación del templo
15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. 17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones(A)? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.(B) 18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. 19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.
La higuera maldecida se seca
20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
BIBLIA EN UN AÑO: JUECES 14 – 16
MENSAJE
La lectura bíblica de hoy narra cómo Jesús vio una higuera a lo lejos y se acercó porque tenía hambre. Al llegar al árbol, descubrió que no tenía fruto, a pesar de tener muchas hojas, y la maldijo.
Una lección que podemos aprender de esta historia es que Dios espera que todo ser vivo sea productivo; Él creó todo para su deleite (Apocalipsis 4:11) y quiere que revele su gloria.
Un detalle que solía desconcertarme cada vez que leía el pasaje de la lectura bíblica de hoy era que aún no había llegado la temporada de higos (Marcos 11:13). Solía pensar: «Si no era la temporada de higos, ¿por qué esperaba Jesús que la higuera tuviera fruto?». Después comprendí que, en lo que respecta al tiempo, el tiempo de Dios siempre es el adecuado. Por ejemplo, si Dios te despierta a las 3 o a las 4 de la mañana, es un error decirle que es demasiado temprano para que te levantes. No importa cuán temprano te despierte el Dios Soberano, significa que tu día ha comenzado; su tiempo siempre es el adecuado.
En el versículo para memorizar de hoy, Dios instruye a los jóvenes a recordarlo mientras aún son jóvenes. Esto significa que el mejor momento para servir a Dios es durante la juventud. Es mejor entregar el corazón y la vida a Dios en la flor de la juventud, porque quienes buscan a Dios desde jóvenes siempre lo encuentran (Proverbios 8:17).
Si eres joven y estás leyendo esto, Jesús quiere tu corazón ahora; quiere que des frutos para su reino ahora que aún eres joven.
Quiere que seas ferviente en espíritu, sirviéndole (Romanos 12:11). No malgastes tu juventud en el altar del pecado ni la desperdicies persiguiendo cosas sin importancia; busca a Dios desde joven. No seas como la higuera, que no tenía nada que ofrecer a Jesús cuando vino a buscar su fruto. Dios nos ha mandado ser fructíferos y multiplicarnos (Génesis 1:28); sin embargo, para ser fructíferos, debemos cultivar una relación vibrante con Él, porque sin Él no podemos hacer nada (Juan 15:4).
Amados, les ruego que recuerden a su Creador en su juventud. Aunque ya no sean jóvenes, dediquen el resto de su vida a servirle, y Él embellecerá sus vidas con su gloria.
PUNTO CLAVE
Recuerden a su Creador ahora.
SIGUE LEYENDO Y PROFUNDIZA EN EL DEVOCIONAL DE HOY
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: Eclesiastés 12:1
“Acuérdate ahora de tu Creador en los días de tu juventud, antes de que lleguen los días malos, y los años de los cuales digas: No encuentro en ellos placer alguno.”
Este versículo es a la vez un mandato urgente y una advertencia compasiva. Recordar a Dios desde temprano es prepararse para una vida fructífera; demorarse es arriesgarse a llegar al árbol de la vida solo para encontrarlo estéril.
LECTURA BÍBLICA: Marcos 11:12-20
Este pasaje es una de las narraciones más provocativas e instructivas de los Evangelios:
v. 13: “Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó para ver si encontraba alguna; pero al llegar, no halló más que hojas, porque aún no era tiempo de higos.” El árbol era impresionante por fuera (hojas), pero estéril por dentro (sin fruto). Su follaje prometía sustento, pero trajo decepción.
v. 14: Jesús le dijo al árbol: «Que nadie vuelva a comer fruto de ti jamás». La maldición no fue un arrebato de ira, sino una parábola del juicio divino contra la fe vacía.
v. 20: «Por la mañana, al pasar, vieron la higuera seca desde la raíz». El juicio fue completo e irreversible. Lo que parecía sano, en realidad, ya estaba muerto en su esencia.
La Generación de la Higuera: Llamados a una Fructificación Temprana y Abundante
El pastor Adeboye reflexiona sobre uno de los detalles más desconcertantes de las Escrituras: la maldición de Jesús a una higuera cuando «aún no era tiempo de higos», y extrae una profunda revelación sobre el tiempo divino y la responsabilidad humana. Declara que el tiempo de Dios siempre es el momento oportuno. El llamado a la fructificación no depende de la conveniencia, la temporada ni la preparación. Cuando el Maestro se acerca, espera encontrar fruto. Esto es especialmente urgente para los jóvenes, cuya «temporada» es ahora.
- El enigma de la higuera resuelto
La aparente injusticia:
A primera vista, Jesús parece irracional. ¿Por qué maldecir un árbol por no dar fruto fuera de temporada? Esta pregunta ha inquietado a muchos lectores y, según admite el pastor Adeboye, a él también le desconcertó en su momento.
La revelación:
«En lo que respecta al tiempo, el tiempo de Dios siempre es el momento oportuno». Esta es la clave de la interpretación. La excusa del árbol («no es la temporada») es irrelevante para el Creador. Cuando el Señor de la cosecha recorre su viña, tiene el derecho soberano de esperar fruto. Su hambre determina la temporada.
El significado parabólico:
La higuera representa a Israel —y, por extensión, a todo creyente— revestido con las hojas de la actividad religiosa, pero desprovisto del fruto de la verdadera justicia. La tragedia no radica en que el árbol no cumpliera con un estándar arbitrario, sino en que aparentaba dar fruto siendo esencialmente estéril. Era un mentiroso disfrazado de hoja. 2. La Expectativa Divina: La Fertilidad en Todo Tiempo
El Mandato de la Creación (Génesis 1:28):
«Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla». Esto no es una sugerencia, sino un mandato, dado antes de la caída y reiterado a lo largo de las Escrituras. Dios no creó a los seres para su exhibición estética, sino para que colaboraran productivamente en sus propósitos.
El Propósito de la Creación (Apocalipsis 4:11):
«Digno eres, Señor, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas». Existimos para su agrado, y su agrado se encuentra en nuestra fecundidad. Un cristiano estéril, como una higuera estéril, es una contradicción del designio divino.
La Condición de la Fructificación (Juan 15:4):
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí». La fecundidad no se produce por el esfuerzo humano, sino que fluye de una íntima comunión con Cristo. Las actividades religiosas se cultivan fácilmente; el fruto del Espíritu es producto de la permanencia en Él.
- La urgencia de la juventud
La preferencia divina por quienes buscan desde temprana edad (Proverbios 8:17):
«Yo amo a los que me aman; y los que me buscan con diligencia me hallarán». Dios no se esconde de quienes lo buscan con sinceridad, pero honra especialmente a quienes lo buscan en la plenitud de su vida. Quienes buscan desde temprana edad no solo encuentran la salvación, sino también una relación de comunión con Dios para toda la vida.
El desperdicio de la juventud:
El pastor Adeboye hace un apasionado llamado: «No malgasten su juventud en el altar del pecado ni la desperdicien persiguiendo cosas sin importancia». La juventud no es una licencia para la indulgencia, sino una oportunidad para generar un impacto positivo. La energía, el idealismo y la resiliencia de la juventud son recursos que deben invertirse en el reino de Dios, no disiparse en la búsqueda de placeres vacíos.
La tragedia de la higuera estéril:
El árbol tenía hojas; parecía prometedor. Ocupaba un lugar en la viña, absorbía los nutrientes del suelo y recibía la luz del sol y la lluvia. Sin embargo, cuando el Maestro vino en busca de fruto, no tenía nada que ofrecer. Era un consumidor, no un contribuyente.
La advertencia: Los jóvenes que llenan sus vidas con las hojas de la educación, la carrera, las relaciones y el entretenimiento, pero descuidan el fruto de la rectitud, el servicio y la intimidad con Dios, un día se enfrentarán al juicio del Maestro y se encontrarán estériles.
- El llamado no tiene fecha de caducidad
Para quienes ya no son jóvenes:
«Aunque ya no seas joven, dedica el resto de tu vida a servirle, y él embellecerá tu vida con su gloria». El juicio de la higuera fue irreversible, pero la gracia de Dios se extiende a la vida humana hasta el último aliento.
El principio: Si bien la fructificación temprana es el ideal de Dios, la fructificación tardía también es fructificación. El que trabaja a última hora recibe el mismo salario que el que trabaja todo el día (Mateo 20:1-16). Nunca es demasiado tarde para empezar a dar fruto.
- El testimonio del pastor Adeboye (implícito)
Una vida de frutos desde temprana edad y de forma continua:
Aunque no se menciona explícitamente en este pasaje, el testimonio del pastor Adeboye ejemplifica esta verdad. Entregó su vida a Cristo en su juventud y ha dedicado décadas a dar frutos que perduran. La expansión global de la RCCG no es resultado de una diligencia tardía, sino de una entrega temprana seguida de una permanencia de por vida.
Cómo responder al hambre del Maestro
Para los jóvenes:
Entrégate ahora: No esperes a ser mayor o tener una vida más estable para entregar tu vida a Cristo. El mejor momento para recordar a tu Creador es ahora. Ora hoy mismo la oración de entrega.
Invierte tu juventud: Tu fuerza, tu tiempo, tu creatividad, tu influencia: no son para que los gastes en ti mismo. Son recursos que se te han confiado para los propósitos del reino. Pregúntale a Dios: «¿Cómo quieres que use mi juventud para tu gloria?».
Permanece pronto, permanece siempre: Cultiva el hábito de permanecer en Cristo ahora, mientras tus raíces espirituales aún se están formando. Un árbol que echa raíces profundas en sus primeros años resistirá las tormentas de sus últimos años.
Para los mayores:
Aprovecha el tiempo: No puedes recuperar los años que has perdido, pero puedes dedicar los que te quedan. Moisés tenía 80 años cuando sacó a Israel de Egipto. Caleb tenía 85 cuando pidió su montaña. Tus mejores frutos aún pueden estar por venir.
Fructificación sin resentimiento: No mires atrás a tu juventud desperdiciada con un arrepentimiento paralizante. Acepta el perdón de Dios por los años estériles y pídele que haga que los años que quedan sean extraordinariamente fructíferos.
Para todos:
Examina tus hojas: ¿Estás ocupado con actividades religiosas pero sin fruto espiritual? ¿Asistes a servicios religiosos, sirves en ministerios y afirmas la doctrina ortodoxa, pero careces del fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia)? Las hojas no son fruto. Pídele al Espíritu que te revele la diferencia.
Cultiva la raíz: No puedes producir fruto añadiendo frutos falsos a tus ramas. El fruto crece de la raíz. Tu raíz es tu relación con Cristo a través de su Palabra, la oración y la obediencia. Cuida la raíz y el fruto vendrá.
Advertencia: El peligro del follaje engañoso
Las hojas del desempeño religioso:
Es posible mantener una impresionante apariencia de actividad cristiana mientras se es estéril interiormente. Los fariseos eran maestros de este engaño: meticulosos en el diezmo, pero negligentes en la justicia, la misericordia y la fe (Mateo 23:23). Las hojas engañan a otros; solo la esterilidad revela la verdad al Maestro.
La presunción del mañana:
El joven que dice: «Serviré a Dios más tarde, cuando haya disfrutado de mi juventud», está haciendo una suposición peligrosa. Presupone que habrá un «más tarde». Presupone que su corazón permanecerá blando. Presupone que la paciencia del Maestro es infinita. La higuera no esperaba ser maldecida; simplemente esperaba otra temporada. No hubo otra temporada.
Conclusión: Fructificando en Su venida
Ora así:
“Señor Jesús, escucho tu voz que me llama a dar fruto. Confieso los años que he desperdiciado: mi juventud malgastada en vanidades, mi energía gastada en cosas sin importancia, mi aparente religiosidad ocultando un corazón estéril. Perdóname. Hoy recuerdo a mi Creador en los días de mi juventud, o en los días que me quedan. Te entrego mi vida sin reservas. Permanece en mí, y yo en ti. Produce en mí el fruto que queda: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Usa mi vida para glorificar tu nombre. Cuando vengas buscando fruto de mi árbol, que encuentres abundancia. Que no sea una decepción para el Maestro que anhela justicia en su viña. En el poderoso nombre de Jesús, Amén.”
Pasos a seguir:
- Análisis de Frutos: Haz un inventario honesto de tu vida. Distingue entre las “hojas” (actividades religiosas, conocimiento, reputación) y el “fruto” (carácter semejante al de Cristo, almas ganadas, servicio prestado, obediencia manifestada). Pregúntate: “¿Qué fruto encuentra Jesús cuando viene a mí?”.
- El Pacto Temprano: Si tienes menos de 30 años, escribe un pacto formal con Dios dedicando tu juventud a su servicio. Sé específico: “Usaré mi energía para ; invertiré mi tiempo en ; buscaré __ para tu reino”. Guárdalo en tu Biblia como recordatorio.
- La Declaración de la Cosecha Tardía: Si ya has superado la juventud, escribe una declaración de dedicación para los años que te quedan. “Aunque llego tarde a la viña, trabajaré con todas mis fuerzas. Haz que estos años sean los más fructíferos”.
- La Práctica Constante: Comprométete con Juan 15:4. Cada mañana, antes de cualquier actividad, dedica tiempo a simplemente “permanecer” en Dios: lee las Escrituras, ora, aquieta tu corazón ante Él. La fructificación fluye de la presencia, no del desempeño.
Recuerda: El Maestro está caminando por su viña hoy. Tiene hambre. Se acerca a tu árbol. ¿Qué encontrará? ¿Un impresionante follaje o el dulce fruto de una vida vivida en íntima comunión con Él?
«En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto; así seréis mis discípulos» (Juan 15:8). Deja que encuentre fruto en ti, no cuando te convenga, sino cuando le convenga a Él.
COMPARTE EL DEVOCIONAL
Comparte el Devocional de los Cielos Abiertos, en tus redes sociales. Al hacerlo, que el Cielo honre todas tus peticiones, incluidas las que aún están pendientes, con respuestas divinas desde lo alto, en el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Amén