Memoriza: «No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.» Jeremías 1:8
Lee: Jeremías 1:4 – 10
4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 6 Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. 7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. 9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. 10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.
BIBLIA EN UN AÑO: 1 Samuel 22 – 24
MENSAJE
Muchos creyentes no comparten el evangelio por miedo. La clave para superar esto, sin embargo, es pedirle a Dios valentía y sabiduría para cada ocasión en particular.
Me acuerdo de la vez que viajé por primera vez en primera clase porque alguien me regaló un billete. me sentó cerca de un hombre que se notaba era muy rico por su apariencia. Realmente quería hablarle de Jesús, pero tenía miedo de que no me escuchara porque pensaría que él estaba por encima de esas cosas. Por lo tanto, decidí encarar la situación desde la sabiduría. Le dije, «Señor, me gustaría presentarle a mi padre». Él preguntó «¿Quién es tu padre?» «Mi Padre es el gran jefe, Él tiene negocios de gas y petróleo, y también tiene plata, oro y diamantes. Él tiene grandes terrenos en ganadería con miles de ganados.» le contesté. Entonces él me preguntó «¿Cómo es que no lo conozco? ¿Cómo se llama tu padre?» Sabía que si le decía Jesús en ese punto, le perdería, así que dije, «El nombre de mi Padre es Jefe Emmanuel» Esto captó su atención, y fui capaz de compartir el evangelio con él.
Cuando Dios llamó al joven Jeremías para predicar a los hijos rebeldes de Isreal, Él le dijo que no tuviera miedo de sus caras. El mismo Dios está contigo cuando sales a compartir sobre el amor de Jesús con otras personas. Él te ha dado Su espíritu para enseñarte lo que tienes que decir, de la misma forma que me enseñó a mi en ese vuelo. No importa lo ruda o desinteresada que parezcan las personas, no mires sus caras, céntrate en Aquel que te envió, y comparte Su mensaje con ellos. Hay un dicho en la tierra de los yorubas que dice, que no debes de temer a aquel a quien le estás entregando el mensaje, sino a aquel que te envía para entregar el mensaje. No permitas que el miedo a las personas te impida predicar el evangelio. Mantén tu mirada puesta en Dios, haz lo que Él mandó hacer a todos los creyentes (Mateo 28:18 – 19), y deja el trabajo de la convicción y la conversión para Él.
Cuando Dios está contigo, nada más importa. Él te enseñará lo que decir y cómo decirlo. Predicar el evangelio no trata de lo bien que puedas hablar y citar las Escrituras, sino de la demostración del poder del Espíritu (1 Corintios 2:4).
Entrega tu vida a Jesús hoy, si aún no lo has hecho. Él es el único camino hacia la salvación. Si has entregado tu vida a Él, asegúrate de compartir el evangelio con otros; no tengas miedo de sus caras.
PUNTO CLAVE: Cuéntale a alguien sobre el amor de Jesús hoy.
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Amén