NO ENDUREZCAS TU CORAZÓN

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MEMORIZA: Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; mas el que endurece su corazón caerá en el mal. – Proverbios 28:14

LECTURA: Salmo 95:8-11

8 No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto:

9 Donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras.

10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.

11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

BIBLIA EN UN AÑO: Mateo 5-6

MENSAJE

Existe un gran peligro en endurecer el corazón ante la palabra de Dios. En Apocalipsis 2:7, la Biblia dice: «El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…». En el mundo actual, muchas personas no están dispuestas a escuchar la palabra de Dios, especialmente cuando esta condena sus malas acciones. Se burlan de los verdaderos hombres de Dios, los ignoran y desprecian los mandamientos divinos. Por lo general, se encuentran en iglesias donde no se condena el pecado y donde se enseñan doctrinas impías. La Biblia nos dice que tales personas corren el riesgo de condenación eterna si se niegan a prestar atención a Su palabra (2 Tesalonicenses 2:10-12).

Muchos que se profesan cristianos eligen de la palabra de Dios solo aquello que les favorece. Sin embargo, lo que ignoran es que no pueden experimentar la plenitud de Dios cuando deciden escuchar únicamente lo que desean oír de Él. De hecho, muchas veces, aquello que nos prepara para recibir las bendiciones de Dios es precisamente lo que no queremos oír ni experimentar. Fue la vergüenza y la cruz lo que llevó a Jesús a la gloria (Hebreos 12:2). Asimismo, en el caso de José, fueron la cisterna y la cárcel lo que lo condujo al palacio. Hebreos 4:12 nos dice que la palabra de Dios es «viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos…». La palabra de Dios redarguye; no condena. Cuando alguien escucha la palabra de Dios y esta le penetra el corazón, no debe ofenderse. Por el contrario, debe verlo como una oportunidad para ser corregido y transformado.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: «Varones hermanos, ¿qué haremos?». Pedro les dijo: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo». – Hechos 2:37-38

En el pasaje anterior, Pedro predicó el evangelio de Jesucristo a unas personas en Jerusalén, y ellas sintieron la convicción en sus corazones. Tras esa convicción, fueron salvas y bautizadas (Hechos 2:41).

Cuando escuches la palabra de Dios, no endurezcas tu corazón. Permite que Su palabra te redarguya, te corrija y te instruya, a fin de que estés enteramente preparado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17).

PUNTO CLAVE: Aquellos que endurecen sus corazones ante la palabra de Dios terminan enfrentando Su ira.

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